Jardín N° 9 - Sala 5
2. CADA DÍA QUE PASABA ANA ESTABA MÁS ENOJADA.
Cada día que pasaba Ana estaba más enojadada. Incluso, había días que ni siquiera quería abrir la boca para comer. Pero lo que nadie sabía es que Ana tenía miedo. No entendía porqué había que cepillarse los dientes cuando sus dientes no tenían pelo. Y tenía miedo de que si empezaba a cepillarse los dientes, el pelo le creciera dentro de la boca y a los días tuviera que aprender a hacerse coletas en las muelas.
Pero una mañana, Ana se levantó con un fuerte dolor en un diente. Intentó no decírselo a nadie y ella sola pensó que si se ponía una ‘curita mágica’, como las llamaba su mamá, se le pasaría. No funcionó. El diente seguía doliendo. Entonces pensó que faltaba el ‘besó mágico’ que su mamá le daba antes de poner la curita y, convencida de que necesitaba un beso de su mamá sobre el diente malito, intentó idear una treta para conseguirlo. Claro que su mamá jugó con ella a ver quién era la que más besos conseguía dar.
Su mamá pronto notó el raspón que la curita dejaba en ella con cada beso que recibía de su pequeña. Ya no quedaba tiempo para la paciencia, ni para más explicaciones ni razonamientos.