El Jardin Natural
| Sitio: | 'ELE' Plataforma Educativa Chaqueña |
| Área temática: | EEE N° 12 - 1er. Grado |
| Libro: | El Jardin Natural |
| Imprimido por: | Invitado |
| Día: | viernes, 27 de febrero de 2026, 19:44 |
Descripción

1. Habia una vez una semillita
El jardín natural Hubo una vez un monarca que tenia un mayor palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí Vivian miles de animales de cientos de especies distintas, de mayor variedad y colorido, que convertían aquel espacio en una especie de edén del que todos disfrutaban. Solo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el instituto del espacio se veían los restos de lo que siglos atrás había sido un inmenso árbol, pero que ahora lucia apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba, que finalmente ordeno cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes. Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al monarca en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oído: - Majestad, sois el mas astuto de los hombres. En todas fracciones se oye hablar de la hermosura de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no afuera esta fuente y unos escasos pajarillos... ¡Que mayor engaño! El monarca, que jamás pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era realidad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos escasos animales. Sin perder un segundo, mando llamar a los entendidos y sabios de la corte. El monarca tuvo que oír muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera aclarar lo sucedido. Ni siquiera la mayor recompensa que ofreció el monarca permitió recuperar el esplendor de los jardines reales. Muchos años después, una joven se presento ante el monarca asegurando que podría aclarar lo ocurrido y recuperar los animales. - Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla. Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el monarca se lo impidió. - Quiero oír la historia. De las mil embustes que he oído, ninguna había empezado así. La joven siguió muy seria, y comenzó a aclarar como los masivos animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su apariencia a su comida, compuesta por unos coloridos gusanos a su vez se alimentaban de algunas especies rarísimas de plantas y flores que solo podían aumentar en aquel espacio del mundo, siempre que debiera suficiente excremento de polillas... y así siguió contando como las polillas también eran la fundamento de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían aparecer nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies... Y debiera seguido hablando sin parar, si el monarca no debiera gritado. - ¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó. - Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del instituto de los vergeles reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol aparecen miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros... Y ahora, la antigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fuese por las polillas del mayor árbol. - ¡Excelente! -exclamó el rey-. Ahora podré recuperar mis jardines. Y a tí, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Emplea tantos hombres como necesites. - Me temo que no podrá ser majestad- dijo la joven-. Si queréis, puedo intentar regresar a recrear los jardines, pero no viviréis para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte, cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuantos hombres trabajen en ellas. El cara del anciano monarca se quedo triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza, y lo imprudente que fuese al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales, que decidió desarrollar un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que debiera sido indispensable para restablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.