Enseñar y aprender en entornos virtuales
2. Orientaciones de sentido
Desde una perspectiva educativa, las tecnologías se entraman en las diversas formas del pensamiento disciplinar y su inclusión en las prácticas de la enseñanza potencia formas especializadas de construcción del conocimiento; son propuestas didácticas que integran a las tecnologías de manera tal que promueven la reflexión en el aula y abre un espacio comunicacional que favorece la comprensión disciplinar (Maggio, Lion, Perossi, 2014).
Maggio (2012) señala cuatro orientaciones de sentido que buscan poner en movimiento las oportunidades que ofrecen los ambientes de alta disposición tecnológica para las prácticas educativas:
–– Realizar interpretaciones curriculares: trabajar en el diseño de grandes motores creativos, en una reinterpretación curricular que capte los relatos relevantes para una cultura y constituyan el marco para el desarrollo de proyectos, el análisis de casos y la resolución de problemas.
Esto significa, por ejemplo, replantear el modo en que encaramos un tema habitualmente y probar hacerlo a través de una pregunta, de un trabajo de exploración por parte de los estudiantes, un debate, etc.
–– Promover articulaciones funcionales: favorecer trabajos conjuntos y articulados entre docentes, escuelas, comunidades que fortalezcan la producción original y creativa de manera colegiada.
En esto las aulas virtuales pueden combinarse con redes sociales para que el intercambio sea más rico.
–– Producir de manera colectiva: promover la producción colectiva en el marco de los motores curriculares de modo tal de generar sentido en términos de intervención social, como contribución social a problemas reales de la comunidad.
Por ejemplo, se pueden plantear trabajos grupales que impliquen un trabajo con la comunidad o el desarrollo de proyectos colaborativos en contexto.
–– Evaluar de manera ecológica: evaluar de manera natural, coherente y consistente con la innovación y con el cambio que se quiere promover.